Cuando era niño, cada vez que me preguntaban qué animal me gustaría ser si pudiera elegir, siempre respondía que un pájaro. Volar me hacía soñar; era una sensación de libertad total. Me gustaban sobre todo los helicópteros porque pueden ir casi a cualquier parte y aterrizar donde quieran. Son máquinas muy versátiles, y eso me fascinaba. Volar en helicóptero era para mí como ser un pájaro, libre de viajar a donde me apeteciera.
Mi primer vuelo con mi familia fue un momento especial para agradecerles que me hubieran ayudado a perseguir mi sueño de convertirme en piloto. Tuve la suerte de hacerles descubrir la belleza de mi profesión y de mostrarles el esplendor de la región de Montreal vista desde el cielo. Ver cómo se les iluminaban los ojos al admirar los paisajes desde las alturas fue una experiencia inolvidable. Es un vuelo que siempre recordaré con emoción y gratitud.
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